La tranquilidad llegó más pronto de lo que esperaba, pero se fue al igual de rápido. Vi cómo aquel hombre se iba cayendo lentamente hacia la nada misma de lo alto del techo. La situación estaba fuera de control, yo estaba fuera de control, por un instante decidí llamar a emergencias y comentarles lo que había sucedido, pero de la nada una furia contenida en mí decidió no llamar, tiré el teléfono y cayó de la misma forma lenta hasta llegar al suelo y romperse en mil pedazos. Decidí no darle importancia, fue algo que simplemente pasó, di la vuelta y me fui. Llegué a casa y fui a mi baño, tirando detrás de mí el vestido que tanto tiempo me llevó escoger. Salí de la ducha y volví a ver el vestido y me llevó al día en que lo escogí, en esa tienda, sobre sus ojos, vi cómo mi madre lloraba al verme con mi vestido de novia, el recuerdo se desvaneció cuando tocaron el timbre, el aire frío de la habitación me puso los pelos de punta porque sabía quiénes eran y por qué venían. Me cambié, abrí la puerta, me esposaron y me llevaron en una patrulla hacia la comisaría para tomar mi declaración de por qué había tirado a mi prometido desde el techo, y simplemente contesté...
-No le gustó mi vestido 🙂