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viernes, 2 de marzo de 2018

Tal vez hoy

Sonó el despertador por cuarta vez consecutiva.
Un suspiro profundo. Un desaliento. Un parpadeo.
Desde hace ya tres meses despertaba creyendo que sería el día.
"Amor", escuchaba en mi oído. Ella me llamaba, insistía.
Hace tiempo que no dormía a mi lado, pero su presentimiento de que hoy sería "el día" la había llevado a hacerlo.
Sostenía al bebé en sus brazos, tan pequeño, con su mameluco color verde claro y las mejillas coloradas. Parecía un engaño, algo increíble.
Una taza con té con leche se asomaba por la mesita de luz, acompañando al resto de la sucia vajilla abandonada a lo largo de los meses.
Al verlo, nada me generaba, tal vez algo de ternura, pero no el cariño que tendría que tenerle a mi propio hijo.
- ¡Mierda! - dijo sin la intención de insultar. - Mamá está abajo hace diez minutos. Tengo que irme. Hay churros en la cocina. Y otras facturas.
Y eso fue. Un beso y la esperanza de que hoy sería "el día", depositada en mi frente.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Circulado III

Había empezado a leer la novela unos días antes. Al empezarla me pareció una historia encantadora, llena de magia. Hoy, la misma novela tiene un aire tétrico en sus palabras, ese entorno fantástico se convirtió en un ambiente macabro, lleno de suspenso. Tal vez era yo; entré a ver distintas opiniones en internet. O tal vez era mi vida y los giros que había tomado en estos últimos días. Donde ya no me sentía yo. Era como un ente aparte que veía mi vida desde una tercera persona.
Veía las mañanas en tercera persona, veía las preguntas en tercera persona, veía las peleas en tercera persona, veía cómo, sin mirarse ya, atados rígidamente a las tareas que los esperaban, se separaron en la puerta de la cabaña, en tercera persona.
Los observaba.
Me acerqué a la cabaña, y ahí yacía, junto con un hacha, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Circulado II

Había empezado a leer la novela unos días antes, cuando no tenía idea de lo que me esperaba, cuando no tenía idea de lo que estaba por venir.
Seguía con mi rutina día a día, me levantaba, me lavaba los dientes, me cambiaba, salía a trabajar, compraba un café de camino, en el viaje avanzaba unas hojas, subrayaba las frases más interesantes, entraba a trabajar, y continuaba con el resto de mis días. Aburrido. Vacío.
Hasta que volvía a casa, y la veía ahí. Deslumbrante como la copa del mundial del '96. Ah, no, pará, esa no la ganamos. Bueno, no importa.
La veo y me encanta.
La toco y me vuelvo loco.
Agarro la novela.
La abro, y me adentro de vuelta en la historia.
"Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña".
Ay, Christian se iba a ir a hacer cosas chanchas con Anastasia. Qué vergüenza.
Dejé el libro y suspiré.
Me gustaría un amor así.
Volví a abrirlo. Me puse a imaginar un amor como aquel, dejando que cayera mi cabeza en el sillón leyendo la novela.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Al final del camino, al comienzo del camino

Una fría neblina llegaba desde la bahía atravesando los bosques. Al filo de la muerte, el joven pelinegro se encontraba del otro lado de la ciudad buscando a su perra perdida en la playa. Se había escapado, hacía tiempo se había escapado.
Tenía la oportunidad de huir, de comenzar una nueva vida, pero repitiendo todo otra vez. no quería hacerlo. La presión que sentía dentro de él hacía que solo quisiera quedarse ahí, mientras su mente divagaba con cosas como fallecer.
Las vendas bajo sus brazos hoy se encontraban más apretadas que nunca y su cabello se veía aun más desprolijo que de costumbre, a la par que sus ropas de talla extra grande.
Nacer en un cuerpo equivocado era algo difícil, y hoy se notaba más que nunca. Sus pensamientos iban a ganar. Hoy todo iba a terminar. Todo su sufrimiento iba a cesar y él por fin iba a ser libre.
"Solo debo irme a dormir", pensó mientras subía a una de las rocas empinadas. "Para poder comenzar a soñar..."
- Adios, Alanis - dijo con todo el orgullo del mundo -. Y hola, Alan - finalizó, saltando al agua helada.

sábado, 19 de septiembre de 2015

La lluvia intromisión...

La lluvia intromisión opacó al sol brillo que había iluminado y sofocado toda mi semana.
¡Al fin! Me encontró sonriendo y esta vez no era una sonrisa falsedad. No era alegría fingimiento.
Esta tormenta perfección era la excusa ideal para no salir de mi casa. Las calles anegadas formaban un lago infinitud que hacía imposible cruzar a la acera de enfrente.
Aunque tratara de irme era una fuerza inutilidad ya que lograrlo era imposible. Mi madre siempre decía que aunque viviéramos en un país pequeñez, el mundo era enorme, lleno de mares abundancia y tierras por conocer. Tenía la oportunidad de hacerlo; aun así, ni siquiera quería salir de mi casa.
Mi llanto opacidad por los ruidos de afuera no alcanzaba a distraer a mi mente audacia que vivía recordándome mis errores, por más que hiciera todo lo posible para que no sucediera.

martes, 15 de septiembre de 2015

El asesino de la Gran Manzana

Había una vez en un oscuro callejón de Manhattan, Nueva York, un cuerpo en descomposición. Este le pertenecía (o le había pertenecido) a un cazador oculto que había sido encontrado. Se hacía llamar "Gato Negro" y trabajaba con los terroristas de la zona asesinando personas.
Cuando estas lanzaban su último grito, su último grito de guerra, era cuando él había cumplido su función. Él los masacraba. Uno de sus casos más conocidos había sido cuando había comido la carne de ese hombre y bebido su sangre.
Se hallaba de costado cuando agonizaba recordando las voces sin rostro de sus víctimas.
La policía pasó, incluso un carro nupcial, pero su muerte seguía pasando desapercibida.
No había salida, sus pantorrillas estaban amarradas juntas imposibilitándole el movimiento; en ese momento no tenía idea de las nuevas complicaciones que vendrían.
"He resucitado", dijo con sus últimas fuerzas, "porque mi muerte anterior fue mi vida, y esto que ha pasado mi descanso, que acabará pronto, y me traerá de vuelta".
Y así fue como Hugh Walker, su nombre propio, el asesino de la Gran Manzana, se despidió para ¿alguna vez volver?

domingo, 13 de septiembre de 2015

Cómo guiñar un ojo (para principiantes)

Un guiño es una expresión facial hecha con un breve cerrar de ojo.
Guiñar un ojo no es tarea fácil. ¿Qué se necesita? Lo primero: un par de ojos (aunque si son más de dos también es posible realizarlo); por ende, es necesario ser poseedor de una cara. Si no la tienes, lamento decirte que estas instrucciones no van a servirte, a menos que tengas tus ojos situados en otro lugar de tu cuerpo. Aunque esto sería raro. Como sea. Para guiñar un ojo debes lograr juntar y separar rápidamente el párpado superior e inferior de un ojo mientras el otro permanece abierto.
Para guiñar un ojo, lo primero que debes hacer es relajar tu rostro. Luego, tienes que concentrarte muy bien (escuchar música épica de fondo ayuda).
Para el siguiente paso es muy importante no equivocarse. No puedes cerrar ambos ojos. El guiño consiste en presionar uno. Solo debes juntar y separar rápidamente el párpado superior e inferior de uno de tus ojos mientras el otro permanece notoriamente abierto.
Por último, sólo ten cuidado de dónde realizas esta acción, ya que si lo haces en un lugar equivocado corres riesgos de recibir una respuesta un poco incómoda o dolorosa.