Una fría neblina llegaba desde la bahía atravesando los bosques. Al filo de la muerte, el joven pelinegro se encontraba del otro lado de la ciudad buscando a su perra perdida en la playa. Se había escapado, hacía tiempo se había escapado.
Tenía la oportunidad de huir, de comenzar una nueva vida, pero repitiendo todo otra vez. no quería hacerlo. La presión que sentía dentro de él hacía que solo quisiera quedarse ahí, mientras su mente divagaba con cosas como fallecer.
Las vendas bajo sus brazos hoy se encontraban más apretadas que nunca y su cabello se veía aun más desprolijo que de costumbre, a la par que sus ropas de talla extra grande.
Nacer en un cuerpo equivocado era algo difícil, y hoy se notaba más que nunca. Sus pensamientos iban a ganar. Hoy todo iba a terminar. Todo su sufrimiento iba a cesar y él por fin iba a ser libre.
"Solo debo irme a dormir", pensó mientras subía a una de las rocas empinadas. "Para poder comenzar a soñar..."
- Adios, Alanis - dijo con todo el orgullo del mundo -. Y hola, Alan - finalizó, saltando al agua helada.