Una fría neblina llegaba desde la bahía atravesando los bosques. Al filo de la muerte estaba él, sin salida, luchando con todas sus fuerzas por mantenerse con vida. Luchaba con lo que podía, él era la salvación y la única salida, no podría defraudar a todas las personas que confiaban en él. Las muertes que había vivido. Ver a sus seres queridos morir no sería en vano. Tenía que luchar, aunque fuera lo último que hiciera, sus reflejos le estaban fallando, ya era la cuarta vez que se tropezaba; sus manos llenas de barro, y su aliento le estaba faltando; se escondió detrás de los arbustos haciendo ruidos de pájaro para pasar desapercibido. Al parecer eso no funcionó, porque cuando salió de su escondite al pensar que estaba seguro se encontró con él.
Y, asustado, cerró los ojos, y se dejó llevar.
Pensó en su familia, la que había muerto trágicamente luego del terrible "accidente" que sucedió años atrás, en el cual él había estado presente.
En su novia, a la cual, si bien lo había dejado antes de todo esto, aún quería.
Pero especialmente, pensó en su mejor amigo, quien ahora lo estaba apuñalando, con una sonrisa sin emociones, una sonrisa falsedad.
Aunque él sí sonrió.
Por los viejos tiempos, por las viejas risas, por sus lindos antiguos momentos.
- Adiós - dijo, sonriéndole suavemente, y dejándole un beso en su brazo.
Cerró sus ojos, y se dejó caer ante la muerte.