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miércoles, 23 de mayo de 2018

Vos

Como siempre, con la primavera llegó ella. Tan fría, y a la vez tan abrumadora, tan cándida. La veo cruzar la calle. Viene hacia donde me encuentro.
Está igual que siempre. Se siente igual que siempre.
Su pelo rosa, su buzo lleno de bigotes de gatos (tenía cinco), su caminar tranquilo.
Pero ahí estaba lo que más me gustaba.
Su sonrisa particular llegó inesperadamente, y me llenó de una calidez indescriptible. En distintas vestiduras, habría sido una sonrisa cómplice, sugerente.
Levanté mi temblorosa mano para saludarla, pero como siempre, ella se me adelantó, y me abrazó.
Me quedé quieto. Mis sentimientos se encontraban en puntas de pie; si la tocaba, se desbordarían. Si no lo hacía, me arrepentiría.
Y me contuve.
Mi corazón latía muy fuerte, constante, agresivo. Era como si tuviera su propio grito, intentando hacer que ella lo escuche. Pero no podía.
Yo quería.
Pero no podía, realmente no podía.
Sabía que, si llegaba a confesárselo, se alejaría.
Se iría tan lejos, como muchas otras lo habían hecho.
Y estaba asustada porque, tristemente, sabía que ese era mi destino, mi maldición.
Quererte por tantos años, y, efectivamente, no poder nunca arriesgarme a decirte.
Porque sé que no me buscás.
Porque sé qué, de entre todas tus constelaciones soy,
                                                                        la estrella
                                                                        que menos brilla.

domingo, 13 de mayo de 2018

Pero no

Pasión arte.
Beso fuego.
Te quiero mucho.
Pero no te amo.
Este es un amor falsedad. De esos que te llenan, pero no llegan a esa felicidad armonía.
Por eso es que lloro.
Este llanto atrocidad que llena mi garganta de silencio angustia.
De tristeza soledad.
De amor desamor.
Igual, todavía te quiero.
Vas a seguir siendo, lamentablemente, mi amor consuelo.
Porque, por más que nos deseemos,
                                 no hay esperanza encuentro
                                 en esta vida injusticia
                                 que nos llene de otra cosa
                                 que no sea
                                 un amor muerte.

domingo, 15 de abril de 2018

Cómo te gusta

Siempre. Siempre así.
Camina las mismas cinco cuadras.
Los mismos cinco días. A veces, los mismos fines de semana, aunque era sólo cuando necesitaba unos mangos de más. No es como si le pagaran mucho igual pero, algo es algo.
Los mismos horarios de mierda.
Las mismas quejas incesantes.
Las mismas uñas con el esmalte descascarado, los mismos dedos golpeteando el escritorio de caoba.
Tic, toc.
Tic, toc.
Se escuchan gritos.
Tic, toc.
Tic, toc.
Se escuchan llantos.
Tic, toc.
Tic, toc.
Es todo igual que siempre. Ahora mismo, una empleada (o más bien ex empleada en este momento) está saliendo de la oficina del jefe (¿o jefa?). No importaba, era uno más de esos retorcidos.
Este cuenta como el despido número ciento catorce en el año, y apenas llevan dos meses.
Ella reza a Dios todopoderoso, para que el desviado de su jefe no la eche de la empresa.
Se va a casa y descansa.
Las mismas cinco cuadras, los mismos sonidos irrirantes de sus stiletto Vuitton.
Es otro día.
Todo se repite.
Sólo que hoy, su jefe la llama.
Ella se prepara.
Reza un par de ave marías.
Tira un poco de agua bendita, esperando a que...cambie de orientación.
Abre la puerta y algo se ilumina, como si fuese una señal de Dios.
Un objeto metálico. Perfecto.
Él empieza a hablar.
No lo escucha.
Hace sus ademanes ordinarios.
Ella se asquea.
Se acerca.
Agarra el objeto metálico.
Sonríe.
Lo apuñala.
Y sigue sonriendo.
Agradece a Dios por mostrarle el camino, y alejarla de la desviación.
Encaja el puñal más profundo.
Cómo parece gustarle al puto.
Otra vez, agradece a Dios.

jueves, 1 de marzo de 2018

Cuando sea adulto...

Cuando sea adulto, tal vez ni cuenta me dé de que lo soy. Tal vez esté en mis 30, con cinco gatos (humanos o animales) en un silloncito, pensando cómo abonar el alquiler cuando estudié arte sabiendo bien que no pagaba lo suficiente. Por ahí me habría ahorrado esos mangos en alguna carrera que me dejaba en una oficinita, uniformado, atento a las órdenes de un jefe abusador.
En fin, tal vez mi adultez no me note, o yo no la note, pero sé que los años no pasarán en vano.
Porque cuando sea adulta, no lo notaré, pero sí sabré de las marcas que dejó mi adolescencia, y, cuando las comprenda, sabré que soy adulta.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Circulado III

Había empezado a leer la novela unos días antes. Al empezarla me pareció una historia encantadora, llena de magia. Hoy, la misma novela tiene un aire tétrico en sus palabras, ese entorno fantástico se convirtió en un ambiente macabro, lleno de suspenso. Tal vez era yo; entré a ver distintas opiniones en internet. O tal vez era mi vida y los giros que había tomado en estos últimos días. Donde ya no me sentía yo. Era como un ente aparte que veía mi vida desde una tercera persona.
Veía las mañanas en tercera persona, veía las preguntas en tercera persona, veía las peleas en tercera persona, veía cómo, sin mirarse ya, atados rígidamente a las tareas que los esperaban, se separaron en la puerta de la cabaña, en tercera persona.
Los observaba.
Me acerqué a la cabaña, y ahí yacía, junto con un hacha, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Circulado II

Había empezado a leer la novela unos días antes, cuando no tenía idea de lo que me esperaba, cuando no tenía idea de lo que estaba por venir.
Seguía con mi rutina día a día, me levantaba, me lavaba los dientes, me cambiaba, salía a trabajar, compraba un café de camino, en el viaje avanzaba unas hojas, subrayaba las frases más interesantes, entraba a trabajar, y continuaba con el resto de mis días. Aburrido. Vacío.
Hasta que volvía a casa, y la veía ahí. Deslumbrante como la copa del mundial del '96. Ah, no, pará, esa no la ganamos. Bueno, no importa.
La veo y me encanta.
La toco y me vuelvo loco.
Agarro la novela.
La abro, y me adentro de vuelta en la historia.
"Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña".
Ay, Christian se iba a ir a hacer cosas chanchas con Anastasia. Qué vergüenza.
Dejé el libro y suspiré.
Me gustaría un amor así.
Volví a abrirlo. Me puse a imaginar un amor como aquel, dejando que cayera mi cabeza en el sillón leyendo la novela.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Circulado I

Había empezado a leer la novela unos días antes. ¿Le gustaba? Para nada. Era de esas novelas que son puras palabras sin sentido, puestas ahí para rellenar ese manojo de hojas gigante. Pero tenía que hacerlo.
Quería tener algo en común con él, gustarle de alguna forma, o interesarle de otra, así podrían charlar por horas y horas de ese tema en especial.
Así, solo le hablaría y la vería a ella. A ella solita, otra vez, por horas, horas y más horas.
Fue entonces que empezaron a ocurrir cosas extrañas. En el pueblo apareció un cadáver no identificado de una niña. Y ese mismo día desapareció la hermana de él, de Agustín. A los pocos días se logró saber que era el cuerpo de su hermana pequeña, Ana. Lleno de impotencia fue al departamento de policía y decidió asesinar al posible culpable. Me pidió ayuda y así fui a acompañarlo hasta la casa del posible asesino. Nos concentramos en nuestra división de tareas. Sin mirarnos ya, atados rígidamente a la tarea que nos esperaba, nos separamos en la puerta de la cabaña.
Fue una sorpresa para nosotros cuando, al entrar a la casa, esta estaba vacía. Una leve luz asomaba al pasillo y un leve sonido le acompañaba. Los dos avanzamos sigilosamente hacia aquella misteriosa puerta. Ambos palidecimos ante lo que vimos: sangre iluminando la habitación, la televisión encendida y la cabeza decapitada del hombre en el sillón leyendo una novela.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Chica de oro

Este es un día.
Esto se siente como un sueño. Uno malo, tipo pesadilla.
No es fatal, pero se siente feo. Es como que por cada acción nuestra, hay una palabra menos en su boca. Como si se alejara cada vez más, borrosa a mi vista, deslumbrante ante los demás. No se si entienden. Es difícil de explicar. Bah, es difícil sin llorar, sin sufrir, sin sentir algo.
Se la ve desde la acera contraria riendo, disfrutando. Se ve que nuestra presencia no le es útil.

Este es otro día.
Su cara es azul. Azul tristeza, de manera metafórica. No es feliz, se le nota. Por más que intente y piense que tiene encantado al curso, no es así.
Sólo proyecta lo que quiere, y no quién es.
Sólo proyecta lo que otros prefieren ver, no lo que ella ama ser. Tal vez, remotamente tal vez,algún día el cielo azul la reconozca. Tal vez la sienta, tal vez vea que sí, es ella.
Cambiada. Rota. Azul, pero ella. La luz como mil antorchas iluminará su cara, y la verá a través de esa máscara social.
Esa máscara asquerosa, que solo a aquellos carentes de sentimientos y realidad, que sólo a aquellos hipócritas podrá engañar.
Pero no a nosotros. Inapelablemente, así será. Otros se comerán el cuento, y, con el tiempo, la comerán a ella.
Hasta que no quede nada auténtico,
hasta que lo único que le quedará será su máscara, sus tristes, casi acalladas lágrimas, y el vaso de una joda de ayer.

viernes, 25 de agosto de 2017

Crisis

Podría estar en crisis pronto. Una gran crisis. Una que nadie quiere ver.
Horacio y Gaspar incluso en cualquier momento saldrían disparados por las ventanas si no alcanzaran ya su prenda, o al menos, encontraran los materiales necesarios.
Cachorritos.
Ella querrá cachorritos.
Perfectos, blancos con pequeñas manchitas. ¡Ay! Serán tan finos, se verían excelente en su piel de porcelana, y tambien en su armario lleno de prendas de marca.
Por eso, sí. Necesitarán cachorritos. Su pelaje será más suave, más top.
Ella estará feliz.
Sacará su pitillo de metal dorado y fumará feliz.
Acomodará sus blancos mechones detrás de su oreja, y sonreirá con placer.
Después de todo, tendrá su capucha de piel de cachorro.

viernes, 9 de junio de 2017

Rebobinar

Ya se apagó.
Cinco Wendys hicieron falta para sacarle su luz.
Cuando la última campanada sonó, tocando el fin de la noche, marcando el fin de la quinta Wendy, supimos que era su tiempo.
Saber si ésta sería la última era difícil de todos modos.
Ninguno de sus pies, ni manos se movieron...estaba tiesa, inconsciente, sin una pizca de su brillo.
Entonces ahí había quedado, la gran amiga de Peter Pan, apagada por su propia envidia, vanidad y sus irremediables celos.
Quedarán sin embargo pocos minutos para llorar; el joven niño vuelve a resetear el tiempo para regresar a Wendy a la vida, repitiéndose nunca jamás, mientras vuelve a armar su falsa inocencia y repasar su bienvenida otra vez.

jueves, 8 de junio de 2017

Vacío

Ya se apagó mi emoción.
Cinco vidas podría esperarte, pero en la cuarta ya me habías dejado.
Cuando te vi pensé que eras la persona indicada, pero parece que terminaste siendo otra casualidad.
Saber es poder, dicen por ahí. Ninguno de los dos tenía el poder de saber amar.
Entonces, ¿Qué nos queda si no hay más amor?
Quedarán los recuerdos, las cosas, los abrazos, las caricias, pero el amor se habrá desvanecido, y ya nada volvería a ser como antes.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Interferencia

Soltá. Dale, Martín, frenala, imbécil.
Basta, me pudrís, flaco.
Dejá de perseguirme, no te quiero ver más.
No quiero estar con vos.
Uh loco, siempre perseguido vos. No tengo nada con Lucas, no sé qué te metés en la cabeza.
¿Qué querés conseguir con esto?
Frená, nene, me duele.
Dejá de meterte en todo.
Basta, me estás lastimando.
Soltame. Voy a llamar a la policía.
Me adormezco. ¿Qué me pusiste en el vaso?
Bast...

domingo, 7 de mayo de 2017

Verde hielo

Y ahí lo vio. Soltándose en la pista de hielo, persiguiendo su sueño.
Su piel palidecía con cada reflejo del suelo, y su maldad se pudría con cada giro que conseguía alcanzar exitosamente.
Lo imaginaba como algo idílico, pero cuanto más lo veía, más creía otra cosa.
Sus ojos verdes lo adormecieron.
Sus ojos verdes reptaron por su cuerpo, metiéndose en lo más profundo de su alma.
Sus ojos verdes lo...
No creía frenar.
Esos ojos verdes estaban pudriéndolo.
Palideciéndolo.
Persiguiéndolo.
No creía frenar.

miércoles, 22 de junio de 2016

Érase una vez...

Érase una vez un pequeño niño, amante de la lectura. Día y noche leía. Horas, semanas. Básicamente devoraba altos libros en días de lectura. Cuidaba con su vida su estantería.
Pero había un libro especial.
Ese que le traía paz, felicidad, esperanza.
Caminaba en círculos dos veces, se estiraba cuatro y se sonaba la nariz cinco, por las dudas, antes de agarrarlo.
Pudo haber elegido otro. Pero no.
Ese era. Amaba Peter Pan.
Revoleando los ojos por los gritos de su padre, se tapó los oídos.
En silencio, fue a ver qué sucedía.
Las medias que usaba se ensuciaban a cada paso que daba mientras bajaba las escaleras.
Por la puerta, observó una silueta.
Robusto, masculino.
Un plato de sopa reposaba en la mesa, junto a los dibujos que le había hecho a su madre.
Una mancha carmesí en el piso.
Se escuchaba el agua de la canilla correr, pero ya ningún sonido de parte de su padre.
Vio un dibujo suyo en el suelo, junto a la mesa.
Con indignación y berrinche infantil, terminó de bajar las escaleras.
Lo que vio lo dejó perplejo.
¿Qué le había pasado a su mamá?
¿Por qué estaba tirada en el suelo?
¿Por qué había sangre tras ella?
¿Por qué su papá lo miraba furioso?
¿Acaso no lo quería?
¿Por qué se dirigía a él con los puños cerrados?
Cerró los ojos, esperando lo peor.
O lo mejor.
Tal vez, podría quedarse en el País de Nunca Jamás.
Tal vez, podría ser un niño para siempre.

jueves, 2 de junio de 2016

Danzar...

Danzar.
Sentir sus brazos y piernas moverse delicadamente al compás de una canción le apasionaba mucho. Era lo suyo, y lo sabía.
Amaba sentir las miradas de los demás sobre ella. Sentirse desnuda, vulnerable, solitaria.
Única.
Humana.
Llena de vida... La poca que le quedaba.
Quería salir, gritar, llorar, hacer de todo, pero el tiempo la acorralaba.
Su vida iba pendiendo de un hilo pequeño...pero fuerte.
Aún quería vivir.
El lunes había recibido un papel.
Firmado con el sello del Hospital Italiano, lo había abierto con miedo.
Las lágrimas no tardaron en aparecer, y junto con sus esperanzas de viajar, su ánimo se destruyó.
Lloró todo el día restante.
A sus 28 años de edad, iba a morir.
Sin lograr nada más que trabajar en un teatro de baja reputación.
A su novio ni siquiera le había asombrado la noticia.
Le había dicho simplemente que se cuidara mejor, que ya se lo esperaba con sus problemas de alcohol.
Nada más.
Y se retiró de su hogar.
Ese que habían construido juntos con amor y dedicación hacía diez años, cuando aún era una ingenua y se dejó llevar por el enamoramiento, las dulces mentiras.
Y ahora, la triste verdad.
El amor que le había profesado había quedado atrás, junto con sus ansias de casarse y tener hijos.
Todo eso había desaparecido.
Así, de forma rápida, como la luz abandona los ojos de un muerto.
Decidió volver.
Dejó una nota en el pequeño departamento de Berazategui donde vivía, y partió.
Tomó el micro hasta el Maipo, donde trabajaba.
Mientras hacía los papeles de renuncia, vio cómo una artista audicionaba. Se presentaba como actriz de comedia, Lola Membrives.
Sonrió al ver a la joven.
Sentía que iba a llegar muy lejos en ese lugar.
Cuando salió, triste, tomó el ferrocarril.
Todavía tenía kilómetros por recorrer, quería olvidarse de los lugares que solía conocer.
De la gente que solía amar.
De los sueños que deseaba alcanzar.
Prometió no llorar.
Bajó del ferrocarril.
Ahí estaba, el barrio donde vivía de pequeña.
Caminó largas cuadras hasta llegar al hogar de su madre.
Tocó la puerta tres veces, y abrieron. Ella estaba ahí.
Gastada por la edad, pero aún bella.
Con arrugas adornando su cara, pero todavía hermosa.
Le sonrió.
El asombro se notaba en la cara de la anciana, sin embargo la dejó pasar.
Preguntó por sus hermanas.
Supo que todas se habían casado y mudado con el paso del tiempo.
Charlaron un rato más, hasta que la mujer de mayor edad quiso descansar.
Rita la acompañó hasta el cuarto y la arropó. Se despidió de ella deseándole buenas noches y con un beso en la mejilla.
Como si fuera la última vez.
Cerró la puerta y se dirigió a su cuarto. Melancólica, se acostó.
Sus pensamientos se volvieron negros.
Empeñada en escapar, sentía cómo poco a poco se iba.
Sus emociones habían colapsado.
Buscó con desesperación en su maleta su medicamento para el hígado.
Lo encontró.
Sus manos temblaban. ¿Iba a hacerlo?
Fue hasta la cocina y también buscó el whisky.
Se había decidido.
Había tocado fondo, y fue amor a primera vista.
Esa vida llena de sonrisas injustificadas y sueños vacíos iba a acabarse.
Rezó por su madre.
Y por ella.
Para que la tierra abrace su alma y la sostenga.
Para que su enfermedad se cure en el interior del atardecer.
Para que nazcan flores en las oscuridades de sus pensamientos.
Para ser feliz, y morir en paz.
Había empezado con una enfermedad en sus entrañas, y terminó así.
Tomando una sobredosis de medicamentos y el alcohol más fuerte que encontró.
Sola.
Triste.
Así, había fallecido.

"Siempre había querido ser feliz.
Tener la familia perfecta.
Un esposo amoroso, un hogar.
Hijos.
Amor.
Pero al parecer no siempre es así.
Lamento haberme ido de esta forma.
Me he apegado mucho a donde me caí, es verdad.
Estoy empeñada en escapar.
Veo cómo te alejas.
Tengo miedo."

Este fue el último llamado de ayuda de Rita Marzi, de 28 años, parte del sector de danzas en el Maipo, escrito en una nota encontrada por su novio en su departamento. Muerta el 23 de abril de 1933, en el partido de Chivilcoy.
Un mes después, Lola Membrives debuta en el Maipo con "Bodas de Sangre".

jueves, 24 de septiembre de 2015

Ryan

Como mariquita, la vida es difícil.
Eso de tener pequeños lunares está taaaaaaaaan fuera de moda.
Incluso los saltamontes se burlan de nosotras, diciendo cosas de nuestras pequeñas motitas blancas y naranjas, cuando ellos tienen un color tan anticuado. ¿Verde? ¡Por favor! Más viejo que la misma Mirtha Legrand.
Como sea, es horrible. Cada vez que algún niño nos ve, empieza a gritonear y a llamar a alguno de sus otros compañeros para atraparnos. Hay otras situaciones en las que nos arrancan nuestras débiles y pobres alitas.
Se debería hacer justicia, y encadenar a estos horribles mocosos, ¡Así las mariquitas serán libres y podremos pasearnos por donde se nos dé la maldita gana!
Además de los saltamontes, hay muchas otras especies de insectos que nos detestan: moscas, hormigas, cucarachas e incluso las abejas, quienes son odiadas por todos, pero al parecer se olvidan.
La vida siempre es dura para una mariquita.
Pero debemos aceptarlo, porque... ¡LAS MARIQUITAS DOMINAREMOS EL MUNDO!

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Madre

- Mamá, mamá - llamaba la pequeña niña, de unos aproximados ocho años de edad, mientras sostenía su muñequita de trapo.
Sus curiosos y gigantes ojos avellana buscaron la esbelta figura, pero al pasar habitación por habitación seguía sin encontrarla.
<< Ya no está >> escuchaba que decía su muñequita.
<< Ya se fue >> volvía a oír.
<< Vete a dormir >> le ordenaba.
- Pero quiero a mamá... - murmuraba lastimosamente la pequeña, abrazándose otra vez a su compañerita.
<< Te lo advertí >> volvió a oír la niña, pero hizo caso omiso, y abrió la última puerta del largo pasillo, encontrando la impactante escena.
Lágrimas se acumularon en sus ojos, palabras no dichas en su boca, y lo único que pudo hacer fue caer de rodillas en el suelo de madera y sollozar.
Estaba ahí.
Su madre estaba ahí.
Colgada.
Muerta.
Pero igual de bonita como siempre, su madre.
Salió de su shock, y como una autómata, caminó lentamente hacia ella.
Dejó su muñeca en el piso, como si no le importara.
Al llegar donde estaba su madre, levantó la vista hacia su rostro, encontrándolo morado y, claramente, sin vida.
Pero aún seguía siendo bonita.
Y la abrazó.
No sentía su calor corporal, pero ahí estaba.
Su madre.
Era ella, no había duda alguna; podía sentirlo.
Y agarró más fuerte su rosado vestido, arrugándolo.
Claramente estaba ahí.
Su mamá.

lunes, 21 de septiembre de 2015

La despedida

Una fría neblina llegaba desde la bahía atravesando los bosques. Al filo de la muerte estaba él, sin salida, luchando con todas sus fuerzas por mantenerse con vida. Luchaba con lo que podía, él era la salvación y la única salida, no podría defraudar a todas las personas que confiaban en él. Las muertes que había vivido. Ver a sus seres queridos morir no sería en vano. Tenía que luchar, aunque fuera lo último que hiciera, sus reflejos le estaban fallando, ya era la cuarta vez que se tropezaba; sus manos llenas de barro, y su aliento le estaba faltando; se escondió detrás de los arbustos haciendo ruidos de pájaro para pasar desapercibido. Al parecer eso no funcionó, porque cuando salió de su escondite al pensar que estaba seguro se encontró con él.
Y, asustado, cerró los ojos, y se dejó llevar.
Pensó en su familia, la que había muerto trágicamente luego del terrible "accidente" que sucedió años atrás, en el cual él había estado presente.
En su novia, a la cual, si bien lo había dejado antes de todo esto, aún quería.
Pero especialmente, pensó en su mejor amigo, quien ahora lo estaba apuñalando, con una sonrisa sin emociones, una sonrisa falsedad.
Aunque él sí sonrió.
Por los viejos tiempos, por las viejas risas, por sus lindos antiguos momentos.
- Adiós - dijo, sonriéndole suavemente, y dejándole un beso en su brazo.
Cerró sus ojos, y se dejó caer ante la muerte.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Recuerdos

Michael tomó asiento en la alfombra de su pequeño balcón y suspiró.
Las cosas habían cambiado.
No podía seguir así. No de esa forma.
Necesitaba irse de ese lugar. Escapar. Una nueva vida. Un nuevo comienzo.
Dejarlo atrás.
A él.
Al posible amor de su vida.
Esbozó una melancólica sonrisa. Lo extrañaba. Mucho.
Lo amaba tanto.
Aún recordaba cuando salieron por primera vez.
En esa noche fría de invierno, azul como sus ojos. Un azul tan profundo como el océano, tanto, que podía perderse en ellos.
Y sus rubios cabellos, tan rubios como la luna y las estrellas en ese momento.
Con la nieve cubriendo la mitad de sus piernas, habían danzado hasta el amanecer.
Incluso se habían besado, y un torbellino de mariposas se había instalado en su estómago.
La sensación perduraba.
Aún podía sentirlo. Ahí, a su lado, abrazándolo suavemente y susurrándole cosas bonitas, "te quiero" infinitos.
Tragó sus lágrimas, y, con un nudo en la garganta, trató de apartar esos recuerdos.
Debía irse.
Ahora.
No había tiempo para despedidas.
Tenía que dejar atrás esa ciudad, y a ese rubio de ojos azules como la noche misma.

sábado, 4 de julio de 2015

La historia de Romeo y Julieta

Al terminar con su perfecto alisado, y luego de aplicar un poco de fijador y difuminar su delineador, Romeo salió de su dormitorio, silencioso y audaz como un gato, para encontrarse con su querida Julieta.
Estaba medio borracho, pero no interesaba, porque a ella le daba igual. Total, se moría de risa al verlo de esa forma.
Cuando Romeo llegó a lo de Julieta, revoleó los stilettos hasta la ventana, provocando un pequeño ruido, que probablemente despertaría a su amada, lo cual quería.
Julieta abrió las ventanas y se puso a putear al hombre de baja estatura por levantarla tan tarde, pero después lo vio y se calló, recordando por qué lo amaba. Se calzó sus alpargatas con diseño cuadrillé blanco y negro y alisó su vestido verde flúo, tratando de parecer casual y presentable.
Bajó lenta y cuidadosamente las escaleras de su balcón, sin hacer ruido.
Al verse los dos parados en el césped, se miraron a los ojos. Negro con avellana, delineador con sombra blanca, piercing en el labio con piercing en la ceja. Y corrieron a abrazarse, aunque a Romeo se le dificultó, por sus ajustados jeans y chaqueta de cuero negros.
Se sacaron una foto.
Julieta la subió a Fotolog con los siguientes tags: amorprojibido, nopodemozperohesrial, hamoremoflogger, flogger4ziempre, segimeyttezigo.
Mientras que Romeo la subió a MySpace, adjuntando un pie que decía lo siguiente: Con la Wazha FloOgger, esha Ez my dEmolitioNn Lovverrz.

Continuará... (algún día)