Está lloviendo en Buenos Aires.
Paraguas y gruñidos.
Techitos y sonrisas.
Botas de lluvia y charquitos.
Zapatillas y barro.
Calmado escuchando música clásica.
Corriendo al compás de Bon Jovi.
Tres calles.
Dos calles.
Una calle.
Pum
Encuentro.
Está lloviendo en Buenos Aires pero
para mí ya salió el sol.
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miércoles, 4 de octubre de 2017
La verdad, no...
La verdad, no.
Dejame, te explico el por qué de esto. El por qué de hacer lo prometido cuando no tenemos a nadie corriéndonos si no cumplimos. El por qué nos quedamos con suficiente cuando esto muchas veces no es ni un tercio de lo que necesitamos. El por qué creer en un gran final cuando muchas veces esto no hace más que dormirnos y prohibirnos vivir el momento. El por qué creemos en una realidad que nos condiciona a vivir así nomás, pendientes de todo y a la vez atentos a nada. El por qué de las peleas sin razón porque no importa si son ingleses o no, si están felices o no. No importa si son como vos o no, si tienen metas y aspiraciones o no. Las peleas no tienen sentido. Y cuando ya pasan a un plano secundario y dejan de importar, te das cuenta de que de todo es o ya nada quedó.
Dejame, te explico el por qué de esto. El por qué de hacer lo prometido cuando no tenemos a nadie corriéndonos si no cumplimos. El por qué nos quedamos con suficiente cuando esto muchas veces no es ni un tercio de lo que necesitamos. El por qué creer en un gran final cuando muchas veces esto no hace más que dormirnos y prohibirnos vivir el momento. El por qué creemos en una realidad que nos condiciona a vivir así nomás, pendientes de todo y a la vez atentos a nada. El por qué de las peleas sin razón porque no importa si son ingleses o no, si están felices o no. No importa si son como vos o no, si tienen metas y aspiraciones o no. Las peleas no tienen sentido. Y cuando ya pasan a un plano secundario y dejan de importar, te das cuenta de que de todo es o ya nada quedó.
lunes, 2 de octubre de 2017
El intrigante secreto de mi bebé y su tatuaje
Parí el 3 de abril en un hospital de La Matanza.
Mi bebé nació sano, pesando lo necesario.
Era otoño.
El bebé no lloraba.
Era calmado.
El bebé me miraba con sus grandes ojos marrones.
El bebé lo sabía.
Le puse música al bebé.
Miraba el techo.
Me acosté y lo sentí.
El bebé también.
El bebé lloraba.
¿Sentía el mismo dolor que yo?
Espero que no.
Las hojas caían.
El bebé se calmaba.
Vi cómo un pequeño tatuaje se le empezaba a formar en el antebrazo.
El mismo tatuaje que había desaparecido de mi piel.
Morí el 3 de abril en un hospital de La Matanza.
Y aunque este mundo lo dejé sin pena ni gloria, sé que mi legado va a continuar.
De generación en generación.
Y así cumplir su prueba final.
Sobrevivir.
Mi bebé nació sano, pesando lo necesario.
Era otoño.
El bebé no lloraba.
Era calmado.
El bebé me miraba con sus grandes ojos marrones.
El bebé lo sabía.
Le puse música al bebé.
Miraba el techo.
Me acosté y lo sentí.
El bebé también.
El bebé lloraba.
¿Sentía el mismo dolor que yo?
Espero que no.
Las hojas caían.
El bebé se calmaba.
Vi cómo un pequeño tatuaje se le empezaba a formar en el antebrazo.
El mismo tatuaje que había desaparecido de mi piel.
Morí el 3 de abril en un hospital de La Matanza.
Y aunque este mundo lo dejé sin pena ni gloria, sé que mi legado va a continuar.
De generación en generación.
Y así cumplir su prueba final.
Sobrevivir.
jueves, 28 de septiembre de 2017
Renovarse
Renovarse es necesario
más cuando lo hacés improvisado.
Liberarse es imprescindible
más cuando tu mente te lo pide.
Dejar atrás lo tóxico es genial
porque al fin y al cabo sentís que volás.
Cuando la incomodidad afecta tu forma de ser
entendés que es necesario cambiar de una vez.
Y cuando te das cuenta de que el pasado ya fue
es cuando comenzás a armar tu futuro a fe.
Siempre pensando que
si no hubiera sido necesario
esto nunca habría pasado.
más cuando lo hacés improvisado.
Liberarse es imprescindible
más cuando tu mente te lo pide.
Dejar atrás lo tóxico es genial
porque al fin y al cabo sentís que volás.
Cuando la incomodidad afecta tu forma de ser
entendés que es necesario cambiar de una vez.
Y cuando te das cuenta de que el pasado ya fue
es cuando comenzás a armar tu futuro a fe.
Siempre pensando que
si no hubiera sido necesario
esto nunca habría pasado.
martes, 26 de septiembre de 2017
Poema de las 2 a.m.
Y nos quedamos así
abrazados
hasta que tu mundo
y mi mundo
se fusionaron
creando un
nuevo mundo
donde nosotros
éramos el
centro
lo éramos
todo.
abrazados
hasta que tu mundo
y mi mundo
se fusionaron
creando un
nuevo mundo
donde nosotros
éramos el
centro
lo éramos
todo.
viernes, 1 de julio de 2016
El vigía
Era el décimo día de viaje.
Y el quinto de naufragio.
Hace diez días que no veo a mi familia.
Y hace cinco que perdí toda esperanza.
Había zarpado con un barco tan grande que hacía que cualquier navegante se estremeciera.
Y había terminado con un pedazo de madera más chico mi hijo. Me acosté, mirando hacia el cielo. El negro infinito de la noche. El blanco de las estrellas. Recordé haber visto el cielo de igual forma seis días atrás. Estaba oteando en mi lugar de vigía. Esperando encontrar una isla. Pero no, solo encontré la soledad del mar.
Todavía recuerdo la noche del "accidente". Estaba durmiendo. Desperté con el sonido de olas golpeando el barco. Pensaba que solo era una tormenta tranquila, como solía pasar. Todo hasta que escuché el grito de uno de mis tripulantes.
Corrí, solo para encontrarme con un orificio del tamaño de una orca. Litros y litros de agua entraban.
Despues de eso, todo estaba borroso.
El agua entrando.
Cientos de marines corriendo en sus uniformes azules.
Su sangre, rojo carmesí.
Corrí a babor...
Y eso es todo lo que recuerdo.
Ahora estoy en no sé dónde, solo.
Empecé a escuchar a algunas aves cantar.
Qué hermoso rui... ¿qué? ¿Aves? ¿Cantar? Si hay aves, hay... ¡Tierra!
Me levanté, casi cayendo de la madera.
- ¡Tierra a la vista! ¡Tierra a la vista! - grité para mí mismo, ya que no tenía a nadie con quien festejar.
Vi la dichosa isla.
Había gente desnuda.
Bailaban.
Golpeaban sus escudos.
Reían.
Eran una especie de tribu.
Felices.
Empecé a remar con mis brazos hasta que por fin llegue.
- Hola - dije, y nadie me contestó.
¿No me ven? ¿No me oyen?
- ¿HOLA? - grité.
Nada.
De a poco, todos iban desapareciendo.
Todo fue mi imaginación.
Mi deseo de sobrevivir.
Pero como siempre, la realidad te golpea y te grita que tus sueños nunca se van a hacer realidad.
martes, 6 de octubre de 2015
Ahogado
Justo en el centro. Justo en el centro se le ocurría a uno caerse. Caía. No podía parar. La espesa agua que entraba por mi garganta se había desintegrado al tiempo que llegaba a mi estómago y estaba empezando a acabar con el poco espacio que me quedaba. Mi vida iba a terminar. Todas lo hacen. Comienzan y terminan como si nada. La vida es trémula y te da ganas de llorar, de gritar, de descansar, de estallar... Empiezo a toser, saliva, agua, saliva. Todo lo que antes veía bien parece desaparecer. Todo lo que yo conocía como límites se evapora para nunca más volver. La sangre que antes corría por mis venas se coagula. Mi cuerpo antes normal es ahora verde. El primer signo del final. La última gota de sangre deja mi corazón para nunca volver a correr de la misma forma.
viernes, 25 de septiembre de 2015
Un suicidio cualquiera
"Hola a quien sea que haya encontrado mi cuerpo sin vida:
Sí, ya lo sé, es muy ordinario escribir una carta cuando vas a acabar con tu “hermosa” vida pero... no encontré otra forma de hacerlo. La verdad, no entiendo por qué estoy escribiendo esto. No tengo alguna persona a la cual le pueda agradecer algo. Tampoco tengo ganas de decir perdón por todas las cosas que hice o dije. A decir verdad, estoy orgullosa de ellas. Creo que solo hago esto para sentirme importante. Para que alguien sienta pena por mí. ¿No creen que sea lindo? ¿Estar pensando en los últimos momentos de tu vida si alguien va a sentir pena por ti? Yo no lo creo..."
Tiró el bolígrafo al piso y con la manga de su sweater se secó las lágrimas. << ¿Qué, no puedes hacer nada bien? >> pensaba al tiempo que se levantaba y caminaba hacia el baño.
— ¡Oh, claro que no puedes hacer nada bien! — susurró. Se lavó la cara y se vio en el espejo practicando sus sonrisas.
—Es imposible — le decía su subconsciente. — Te las has acabado.
Negó con la cabeza, y se agachó tocando los azulejos hasta que encontró el suyo. El que estaba suelto. Sacó de ahí el pote con las pastillas viendo que le quedaban un poco más de la mitad. Se levantó y se volvió a mirar en el espejo.
— ¿Qué más da? — se dijo. — Algún día tenía que pasar.
Sacó la tapa del frasco y se tragó todas las pastillas de una. Mientras volvía a su cuarto podía sentir los primeros indicios de que los medicamentos habían funcionado. Le temblaban las piernas, su vista se volvía borrosa y llegó a pensar que no podría llegar a su habitación. Pero lo logró. Cuando sintió que ya era el fin escuchó una voz fina, se dio vuelta para ver a su hermanita, quien tenía la cara roja y llena de lágrimas. La escuchaba gritando, llamaba a mamá. Ella no sabía que no iba a lograrlo, que para cuando llegara mamá, ya estaría muerta. Casi sentía pena por ella.
domingo, 20 de septiembre de 2015
Al final del camino, al comienzo del camino
Una fría neblina llegaba desde la bahía atravesando los bosques. Al filo de la muerte, el joven pelinegro se encontraba del otro lado de la ciudad buscando a su perra perdida en la playa. Se había escapado, hacía tiempo se había escapado.
Tenía la oportunidad de huir, de comenzar una nueva vida, pero repitiendo todo otra vez. no quería hacerlo. La presión que sentía dentro de él hacía que solo quisiera quedarse ahí, mientras su mente divagaba con cosas como fallecer.
Las vendas bajo sus brazos hoy se encontraban más apretadas que nunca y su cabello se veía aun más desprolijo que de costumbre, a la par que sus ropas de talla extra grande.
Nacer en un cuerpo equivocado era algo difícil, y hoy se notaba más que nunca. Sus pensamientos iban a ganar. Hoy todo iba a terminar. Todo su sufrimiento iba a cesar y él por fin iba a ser libre.
"Solo debo irme a dormir", pensó mientras subía a una de las rocas empinadas. "Para poder comenzar a soñar..."
- Adios, Alanis - dijo con todo el orgullo del mundo -. Y hola, Alan - finalizó, saltando al agua helada.
miércoles, 16 de septiembre de 2015
Voces sin rostro
Había una vez, en medio de la Segunda Guerra, una pequeña muñeca. Siete años tenía ella y le encantaba jugar, más con su hermano, el extraño cazador oculto, uno de los más hábiles del lugar. Familia no tenían, más que el gato negro de la esquina, un felino tan ruidoso que, a mitad de la noche, su grito de guerra podías escuchar. Siempre hambrientos los hermanos estaban, ya que sólo comían y bebían lo poco que encontraban. Ellos siempre ignorados, al costado de la sociedad. Eran voces sin rostro que nunca nadie iba a escuchar. Hasta el 27 de septiembre, un hermoso día de primavera en que un carro nupcial paró enfrente de ellos. Una adorable pareja bajó y los miró desde la cabeza a las pantorrillas. Les pidieron que vivieran con ellos sin nuevas complicaciones cada día.
- He resucitado - dijo el hermano mayor al ver que los dos un nuevo hogar tendrían.
La pareja lo miró por la rara expresión que el joven había usado.
La mujer y el hombre se pusieron a discutir, ya que pensaban en un nombre propio para cada uno de sus nuevos hijos.
Los niños subieron al auto y a su nuevo hogar llegaron. Muy felices de por fin en una familia haber estado.
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