domingo, 12 de julio de 2015

Sin salida

      Estaba caminando por la sabana, el sol cegador me calentaba el lomo. De pronto visualicé una manada de ciervos alimentándose. Me acerqué lentamente intentando no hacer ni un simple sonido. Estaba cerca, tanto que ya podía sentir cómo mis filosos dientes atravesaban su cuello. Me preparé para atacar, cuando el ruido ensordecedor de una escopeta alertó a mis presas haciendo que corrieran a toda velocidad, y se escaparan de mi alcance. Enfurecido con quien haya asustado a lo que iba a ser mi alimento, empecé a rugir, pero eso no duró mucho,ya que luego entré en razón dándome cuenta de que ese sonido provenía de un humano.
        Mi pelaje se erizó cuando escuché cómo el ruido que venía de los pastizales se escuchó cada vez más cerca. Corrí lo más rápido que pude; aunque mis patas estuvieran agotadas, seguí. Pero todo fue inútil, había una camioneta frente a mí y, aunque sabía que no iba a servir de nada, luché para tratar de encontrar una salida; pero me tenían rodeado. Uno de sus hombres me atrapó en una jaula.Me llevaron en una de sus camionetas; cuando sacaron la jaula pude vislumbrar una carpa grande con franjas rojas y blancas. en la entrada esperaba un hombre vestido de traje, sombrero de copa y un látigo.