sábado, 18 de noviembre de 2017

Mi vida de película

Sonó el despertador anunciando la hora de despertarse; Susana se levantó y se hizo su té con leche como era habitual de todas las tardes mientras veía en la televisión a Chris Evans. Suspiró ensoñadoramente al ver al amor de su vida mientras colgaba entre el edificio y un helicóptero. Chispitas maulló exigiendo su atención, refunfuñando Susana fue a buscar el mameluco favorito de su gato. Sorprendida quedó cuando vio que la pequeña prenda se había encogido aun más. Chispitas la veía fijamente como si lo hubiese engañado, para que la perdonara le llevó su tazón con leche. Todo esto fue para que se volviera a ver tranquila la película. La casa se llenó de una luz encandilante. Tan pronto como vino se fue. Solo la pantalla quedó iluminada y Chris Evans la estaba mirando fijamente.
Susanta tuvo una urgencia de ir al baño a hacer caca de la emoción; trató de apurarse, no se quería perder este momento. Y no lo hizo, ahí estaba el guapo actor comiendo un delicioso churro bañado en chocolate y le ofreció uno a ella, quien sin un ápice de duda lo aceptó.
Así quedó esa casa, toda oscura salvo la televisón donde se puede apreciar a una señora de mediana edad con un hombre atractivo, ambos enamorados comiendo churros.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Ruleta rusa II

Sonó el despertador.
Estiré lentamente mis pies de jubilada, rozando lentamente las frías sábanas blancas.
Esperé hasta que el despertador dejara de sonar y se aplazara cinco minutos más, porque, seamos sinceros, estaba demasiado lejos para mi ánimo matutino.
Pero la alarma no cesaba,  y el poco amor que le tenía a la fría mañana de invierno murió en ese instante.
Fue cuando me harté y tomé lo primero que encontré de debajo de mi cama.
Sentí cómo mis dedos tocaban una tela suave. Mi mameluco para dormir. Lo así fuertemente y con toda mi furia matutina lo arrojé hacia el infierno incesante que no paraba de sonar.
Pero fui engañado, y esa tela tan sedosa y peludita no era lo que yo creía.
Miré mi mano.
Una extraña leche blanquecina supuraba de dos profundos orificios que atravesaban mi palma.
Corrí rápidamente las cortinas de mi habitación para que la luz penetrara un poco en el lúgubre monoambiente de dos por dos.
Sin embargo, me arrepentí inmediatamente al ver lo destrozado que estaba el departamento.
La caca estaba por todas partes.
En la cocina.
Chorreando de mis calzones.
Sobre los churros.
Sobre el gato.
En todos lados menos en el inodoro.
Uff, la fiesta había estado dura.
Cerré las cortinas, no sin antes limpiar un poco mi cuerpo con la tela.
Para ver eso mejor no veía nada.
Antes de que el último rayo de sol se extinguiera tras las oscuras ventanas, me miré al espejo que tenía enfrente mío.
Aprecié cómo ese destello final de luz rebotaba en el vidrio y alumbraba mis ojos rojos.
Esperen...
¿Rojos?

jueves, 16 de noviembre de 2017

Ruleta rusa I

Sonó el despertador. Me desperté en la habitación. No quería despertar a Fabián. Tenía que irme a trabajar, así que con ternura y suavidad toqué su cabello y le di un beso en la frente.
El amor que sentíamos era intenso y no pararía nunca, pero ese día todo iba a cambiar repentinamente y no lo sabía.
- Eu, te quiero, cariño.
Se había despertado. Era tan tierno verlo entredormido en la cama después de hacer el amor. Me terminé de cambiar y salí a la calle. Pasé por una tienda donde vendían mamelucos para bebés y pensé en ese niño que habíamos perdido.
¿Alguna vez tendríamos la posibilidad de formar una familia? Después de mi jornada volví del trabajo y me encontré con una nota de Fabián en la heladera. "Encontrémonos en la plaza de la esquina, tengo algo que mostrarte".
Fui a la plaza y me di cuenta del engaño porque no tenía nada para mostrarme. Solo nos pusimos a hablar y decidimos ir a tomar un café con leche. Después nos dirigimos al departamento, y al prender la luz, me mostró una torta con un estuche pequeño donde yacía un anillo.
- Belén, hemos pasado por mucho juntos y me parece que es tiempo de preguntártelo: ¿quieres casarte conmigo?
Acepté con lágrimas en los ojos de la emoción y, de la nada, empezamos a escuchar un maullido de un gato. Estaba en el marco de la ventana, solitario. Decidimos aceptarlo en nuestro hogar y llamarlo "caca" por un dios egipcio llamado así. Apagamos la luz y nos fuimos a dormir con nuestro nuevo integrante de la familia. Habíamos decidido ir mañana de noche a la playa y comprar churros para celebrar nuestro compromiso. Solo nosotros, bajo la noche estrellada.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Circulado III

Había empezado a leer la novela unos días antes. Al empezarla me pareció una historia encantadora, llena de magia. Hoy, la misma novela tiene un aire tétrico en sus palabras, ese entorno fantástico se convirtió en un ambiente macabro, lleno de suspenso. Tal vez era yo; entré a ver distintas opiniones en internet. O tal vez era mi vida y los giros que había tomado en estos últimos días. Donde ya no me sentía yo. Era como un ente aparte que veía mi vida desde una tercera persona.
Veía las mañanas en tercera persona, veía las preguntas en tercera persona, veía las peleas en tercera persona, veía cómo, sin mirarse ya, atados rígidamente a las tareas que los esperaban, se separaron en la puerta de la cabaña, en tercera persona.
Los observaba.
Me acerqué a la cabaña, y ahí yacía, junto con un hacha, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Circulado II

Había empezado a leer la novela unos días antes, cuando no tenía idea de lo que me esperaba, cuando no tenía idea de lo que estaba por venir.
Seguía con mi rutina día a día, me levantaba, me lavaba los dientes, me cambiaba, salía a trabajar, compraba un café de camino, en el viaje avanzaba unas hojas, subrayaba las frases más interesantes, entraba a trabajar, y continuaba con el resto de mis días. Aburrido. Vacío.
Hasta que volvía a casa, y la veía ahí. Deslumbrante como la copa del mundial del '96. Ah, no, pará, esa no la ganamos. Bueno, no importa.
La veo y me encanta.
La toco y me vuelvo loco.
Agarro la novela.
La abro, y me adentro de vuelta en la historia.
"Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña".
Ay, Christian se iba a ir a hacer cosas chanchas con Anastasia. Qué vergüenza.
Dejé el libro y suspiré.
Me gustaría un amor así.
Volví a abrirlo. Me puse a imaginar un amor como aquel, dejando que cayera mi cabeza en el sillón leyendo la novela.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Circulado I

Había empezado a leer la novela unos días antes. ¿Le gustaba? Para nada. Era de esas novelas que son puras palabras sin sentido, puestas ahí para rellenar ese manojo de hojas gigante. Pero tenía que hacerlo.
Quería tener algo en común con él, gustarle de alguna forma, o interesarle de otra, así podrían charlar por horas y horas de ese tema en especial.
Así, solo le hablaría y la vería a ella. A ella solita, otra vez, por horas, horas y más horas.
Fue entonces que empezaron a ocurrir cosas extrañas. En el pueblo apareció un cadáver no identificado de una niña. Y ese mismo día desapareció la hermana de él, de Agustín. A los pocos días se logró saber que era el cuerpo de su hermana pequeña, Ana. Lleno de impotencia fue al departamento de policía y decidió asesinar al posible culpable. Me pidió ayuda y así fui a acompañarlo hasta la casa del posible asesino. Nos concentramos en nuestra división de tareas. Sin mirarnos ya, atados rígidamente a la tarea que nos esperaba, nos separamos en la puerta de la cabaña.
Fue una sorpresa para nosotros cuando, al entrar a la casa, esta estaba vacía. Una leve luz asomaba al pasillo y un leve sonido le acompañaba. Los dos avanzamos sigilosamente hacia aquella misteriosa puerta. Ambos palidecimos ante lo que vimos: sangre iluminando la habitación, la televisión encendida y la cabeza decapitada del hombre en el sillón leyendo una novela.